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La pretendida resurrección de la Unión Soviética

Sábado 19 de noviembre de 2016

Moscú efectúa con frecuencia una gran estridencia para recuperar la iconografía de la pretérita pugna este-oeste. Para ello se basa en la recurrente presencia de aviones y buques de guerra cerca de países europeos, con provocaciones incluidas. De la misma manera su intervención en Siria fue una muestra de poderío militar aeronaval y los comentarios de un analista en la televisión rusa de una manera tendenciosa anuncia una vuelta a la guerra fría con amenazas nucleares a los Estados Unidos. Adicionalmente el partido comunista ruso, obviamente, ratifica este criterio. Para rematar lo anterior, vemos cómo Vladimir Putin aprovecha cualquier evento o reunión internacional para reavivar los conflictos. El caso ucraniano es una vía para acicatear tal pretensión Hasta Donald Trump habla maravillas del presidente moscovita.

VOLVER AL PASADO

Dentro del marco político ruso hay la pretensión de recuperar el espacio soviético como superpotencia para justificar la precaria situación económica y afianzar en el pueblo la idea de grandeza del ayer. Como lo aseveraba Jorge Manrique en sus coplas, todo tiempo pasado fue mejor. Es la iniciativa ideológica propuesta por el actual régimen ruso con miras a recuperar la confianza popular.

El gobierno presidido por el autócrata Putin hace ingentes esfuerzos para mantener el gasto militar y llevar la tecnología hacia sus misiles, tanques, barcos y aviones. Asimismo, recientemente inauguró una estatua, de más de once metros frente al Kremlin, de San Vladimir, un líder religioso con tendencia a uniformar criterios alrededor del culto ortodoxo. El triunfo en la segunda guerra chechena luego de la humillación acaecida en la primera, la respuesta bélica a Georgia para secesionar a Osetia del Sur y Abjasia de la patria de Stalin y la recuperación de Crimea separándola de Ucrania, son acontecimientos teleológicamente apuntando en esta dirección. Por cierto, Venezuela es uno de los pocos Estados que reconoce a estas naciones escindidas de la antigua república soviética del Cáucaso.

LA REALIDAD ES OTRA

El problema de aspirar a repetir el pasado no es tan solo lo planteado por Marx en el Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte: los hechos originales trágicos se repiten como farsa. Va más allá porque ese ayer tuvo esencias ahora reiteradas. En efecto, la Unión Soviética se desploma por la rigidez del modelo estalinista, incapaz de hacer los cambios tecnológicos y económicos oportunos, como bien lo explica Manuel Castell en la Era de la Información. Por la esclerosis mental de los herederos de Stalin ese país no pudo pasar de la industria pesada a la del conocimiento e inteligencia. El rezago tecnológico se intentó reducir rematando las materias primas, las piedras preciosas, el oro, el gas y el petróleo pero fue cuestión de tiempo para que perdieran valor en los mercados internacionales y el esquema político-económico del Estado soviético colapsara. Fue necesario la perestroika y el glasnot para poder subsistir hasta que las mafias internacionales y las del partido comunista se apropiaran literalmente de la producción de bienes y servicios, viniéndose a menos la superpotencia rival de occidente.

UNA POTENCIA SOLO FUNCIONA CON UNA ECONOMÌA FUERTE

Para ser una nación poderosa debe haber un formidable ejército para hacerse respetar. Mas tal supuesto implica necesariamente poseer una economía vigorosa y contemporánea para dar sustentabilidad a una posición en el concierto internacional de países. El problema es que la Federación Rusa depende de las fuentes energéticas fósiles en demasía. Se estima que el setenta por ciento de las divisas exportadas provienen del petróleo y el gas, circunstancia delatadora de la limitación de su dinámica. Ese alcance significa que se trata de una nación con demasiadas precariedades, imposible de llevar a cabo una política de relevancia mundial. Actualmente se reproduce lo sostenido por Michel Voslenski en su obra La nomenklatura en la cual se hacía énfasis en un país, en el tiempo de la guerra fría, apto para competir en materia coheteril con Estados Unidos pero solo le daba un promedio de veintisiete metros cuadrados de vivienda a su gente. Con una economía primaria productora de commodities no hay estabilidad y al haber poco valor agregado hay supeditación a las oscilaciones del mercado. En este orden de ideas, Rusia es un país sin trascendencia económica.

SIMBOLOGÌA DEL PRETENDIDO RENACIMIENTO RUSO

A sabiendas de la dura situación de limitación económica Putin busca con sus iniciativas otra dirección. Se trata de elaborar un discurso destinado internamente al pueblo ruso. Es una forma de incentivar la grandeza de la nación, en el entorno de la simbología fascista. Hitler estimuló la gloria de la raza aria y Alemania; Stalin la patria soviética; Perón hizo lo mismo en Argentina; Nasser la estructuró con base en la patria grande, vale decir, el panarabismo; Cuba, Venezuela y los estalinistas latinoamericanos la llaman igual, local o regionalmente; y en general, los modelos totalitarios lo realizan para una mayor cohesión interna.

Demás está decir que el concepto de patria es sustancialmente fascistoide como un parámetro en el cual se especula acerca de la inmensidad de un afecto abstracto. Es tan machista que no se emplea el término matria, referido al lugar de nuestras madres sino el masculino propio de los valores patriarcales. Putin y su camarilla conocen el estatus de su economía y para evadir u olvidar las vicisitudes apelan a una superioridad con fundamento en el pasado y pretenden reeditarlo. De esa forma el hambre, el desabastecimiento, la corrupción, la escasez y otros rubros a los cuales no puede acceder la población, puedan ser prescindidos como preocupación.

Es emblemática la película Leviathan en la cual se radiografía la realidad rusa actual cuyos valores son el autoritarismo, el tráfico de influencias, el contubernio del gobierno con la iglesia ortodoxa rusa y la desmoralización del país. Es el ejercicio del poder de control que en principio no requiere la mera fuerza sino la manipulación de la subjetividad social consecuencia de prácticas bien consolidadas. Empero, todos los partidarios del socialismo autoritario ululan satisfacción por la supuesta resurrección castrense de Moscú. Añoran, en el marco de sus pesadillas, el renacimiento de las distopìas que tanto representaron Aldous Huxley y George Orwell en sus conocidas obras Un Mundo feliz y 1984.

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