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¿A dónde va Venezuela?

Jueves 21 de septiembre de 2017

Día a día, se agrava la crisis social y la represión. Las penurias de las masas no cesan. A la escasez se le suma una inflación que dificulta alimentarse. El responsable es el régimen totalitario de Maduro que no tiene nada de socialista. Mientras hambrea al pueblo sigue pagando la deuda externa. La fraudulenta Asamblea Constituyente es el instrumento dictatorial para sostener a Maduro indefinidamente en el poder.

La rebelión popular ha tenido un reflujo desde julio, en esto contribuyó la oposición patronal de la MUD que le hace el juego a Maduro, no convocando a movilizar y anunciando su participación en las tramposas elecciones de gobernadores de octubre. Todo esto le ha dado coyunturalmente un respiro al gobierno. La lucha del pueblo por sacar a Maduro se retomará. Es necesario preparar una alternativa independiente de izquierda y los trabajadores.

Estamos siempre obligados a iniciar todo artículo sobre la crisis de Venezuela señalando que el gobierno de Maduro no es ni de izquierda ni socialista. Resulta insostenible que aún haya sectores que, reclamándose de izquierda, defiendan o apoyen a Maduro. Nadie que sea de izquierda puede seguir apoyando a un gobierno que reprime movilizaciones masivas y protestas populares por comida y libertad, que ya lleva más de 120 muertes, miles de heridos, presos y perseguidos con el falso argumento que son “terroristas” de derecha. Maduro, a través de la constituyente fraudulenta, propuso una ley contra el “odio” que aplicaría hasta 25 años de cárcel al que proteste.

Estos sectores que aún defienden al gobierno se tendrían que preguntar: ¿Qué acción o medida antiimperialista o socialista aplica Maduro? Ninguna. Lo que hace es seguir pagando la deuda externa, entregando el petróleo a las transnacionales a través de las empresas mixtas, como Chevron, Repsol y otras. Continúan los negociados de la boliburguesía civil y militar, como el escándalo de Odebrecht, mientras el salario de los trabajadores no llega a 20 dólares por la hiperinflación.

Para nosotros, se trata del fracaso de 18 años del proyecto de Hugo Chávez de la llamada Revolución Bolivariana. El supuesto “Socialismo del Siglo XXI”, anunciado en el 2005 por Chávez, no pasó del nombre ya que nunca dio ningún paso hacia la ruptura con la estructura capitalista de Venezuela. Hoy se están pagando las consecuencias.

Sabemos que existen luchadores que siguen reivindicando a Chávez pero tienen la honestidad de oponerse a Maduro y a su fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente (ANC), desde su propia visión chavista que respetamos. Y otros son perseguidos por ello, como el caso de la ex fiscal Luisa Ortega Díaz, los exdiputados del PSUV, como Germán Ferrer y Eustoquio Contreras; exministros de Chávez, periodistas, sindicalistas y otras personalidades chavistas. Esto debería ser tomado en cuenta por quienes en el mundo siguen defendiendo a Maduro como un gobierno “revolucionario” y de “izquierda”.

Es erróneo argumentar que quienes están por la derrota de Maduro y su plan de hambre y represión estarían del lado de la MUD (Mesa de la Unidad Democrática) y del imperialismo. Es lo opuesto. Se necesita que la verdadera izquierda presente una alternativa política independiente del PSUV y de la MUD para enfrentar a Maduro y para lograr una salida obrera y socialista al desastre social y totalitario de su gobierno.

La ANC es el punto máximo de un régimen dictatorial

La instalación de la ANC no ha sido más que la confirmación de que se consolida un régimen dictatorial. Este engendro nació como una maniobra fraudulenta de Maduro para perpetuarse en el poder. De los 545 diputados, 364 fueron electos uno por municipio y dos por las capitales de los estados. Esto significaba que un municipio con 500 mil electores tiene la misma representatividad que uno de 20 mil o 10 mil electores. Así el gobierno achicaba la diferencia con los grandes municipios urbanos donde es rechazado ampliamente, agradando los pequeños municipios del interior rural, donde aún tiene alguna posibilidad de ganar. Para asegurarse la mayoría, agregó la elección de 181 diputados de “ámbito sectorial” con candidatos de “agrupaciones sociales” controladas por el gobierno. La MUD, los sectores críticos y de oposición chavista y el Partido Socialismo y Libertad (PSL, sección de la UIT-CI) repudiaron la elección y no participaron. Pese a toda la presión que ejerció el gobierno para que se fuera a votar, se calcula que la abstención llegó a más del 80%. El gobierno inventó que habían votado ocho millones, sobre 19 millones del padrón. Un 41%. Tal fue el fraude que la empresa encargada de la votación automatizada denunció que como mínimo se infló la cifra en un millón de votos.

Después de instalada la ANC, Maduro continúa avanzando en su plan de liquidar todo vestigio de libertades democráticas. Se trata de una pantalla detrás de la cual se encuentran el gobierno y el PSUV tomando las decisiones. Incluso enviaron a sus casas a 200 constituyentitas a los cuales le dieron casa, carro, guardaespaldas, y otros privilegios, y les dijeron que no era necesario que asistieran a las sesiones, quedando a las “órdenes” de la ANC. Mientras, la cúpula del PSUV encabezada por Diosdado Cabello es la que controla todo. Un organismo que asume el carácter de “inapelable” y “plenipotenciario”. Anuncian que la ANC durará dos años como mínimo. Ahora Maduro dijo que la fecha de las elecciones presidenciales previstas para diciembre del 2018 podría ser modificada por la ANC, y hasta ahora no se ha fijado fecha para las de gobernadores de octubre. La ANC se ocupa de todo, menos de su supuesta función de elaborar una nueva constitución.

La ANC ya destituyó a la fiscal Luisa Ortega Díaz y nombró a Tarek William Saab, un incondicional del gobierno. Asaltaron el Hemiciclo del Palacio Legislativo, donde sesiona la Asamblea Nacional (parlamento con mayoría opositora), y despiden a trabajadores de Corpoelec, Pdvsa y otras instituciones estatales, como castigo por no haber votado en las elecciones de la constituyente fraudulenta. Resolvió adelantar las elecciones de gobernador y, a su vez, decidirá quién puede ser candidato o no. Instaló una “comisión de la verdad” por la cual va a resolver quiénes serían “corruptos” o “agitadores sociales”. Y de hecho disolvió a la Asamblea Nacional dominada por la oposición, pasando a la ANC el poder de elaborar leyes en todos los ámbitos. El parlamento opositor quedó de adorno, ya que no tiene ninguna facultad. Ni siquiera les pagan los sueldos a los diputados.

En agosto Maduro y la ANC se dieron un barniz de “democráticos” convocando para octubre a elecciones de gobernadores, que habían sido postergadas. Preparan otro fraude ya que el gobierno limitó el número de partidos políticos (incluido al PSL), encarcela e inhabilita alcaldes y dirigentes políticos de la oposición y prohíbe a la MUD participar en siete estados del país. Y hay procesos abiertos a más de 20 alcaldes opositores que pueden ser destituidos y detenidos. El “constituyente” Diosdado Cabello ya dijo que sólo se podrá participar como candidatos con un certificado de “buena conducta” que otorgará la ANC. Maduro dijo que en diciembre del 2018 habría elecciones de presidente, pero recientemente dejó la decisión en manos de la ANC. Y ésta será quien autorizará quien podrá ser o no candidato. Es decir que está en curso un nuevo fraude, y no hay ninguna seguridad de que las elecciones de gobernadores o presidenciales se realicen. Maduro busca que se vaya consolidando un régimen de partido único donde haya “elecciones” con un ganador seguro.

En Venezuela se va consolidando un régimen dictatorial, cívico-militar, bajo un discurso seudo “antiimperialista y socialista”. No es nada nuevo. Se trata de un régimen estalinista burgués. Un totalitarismo falsamente “izquierdista” que defiende una estructura económica capitalista pactando con las multinacionales, pagando la deuda externa y explotando a los trabajadores y al pueblo. Como todo totalitarismo, se apoya en las fuerzas armadas y en los organismos de seguridad del estado burgués. Periódicamente, este régimen haría alguna “elección” totalmente controlada, proscribiendo a los opositores, tanto burgueses como de la oposición de izquierda. En este caso a la propia izquierda chavista y al PSL. Regímenes parecidos a éste fueron barridos en las revoluciones del 2011 en Túnez, Libia y Egipto. No es casual que entre los aliados más sólidos de Maduro estén Cuba y China, expertos en dictaduras de partido único que restauraron el capitalismo.

La rebelión popular y la coyuntura abierta en julio-agosto
En abril de este año se inició una rebelión popular con movilizaciones masivas contra el gobierno en Caracas y en todo el país. Estas movilizaciones fueron más allá de las convocatorias que hizo la oposición patronal de la MUD. Se fueron sumando sectores populares de los barrios y comunidades que habían sido base social del chavismo en todas las ciudades del país. Esa rebelión adoptó diversas formas: marchas, cacerolazos, trancas de calles y autopistas, con barricadas, y hasta saqueos generalizados que mostraron la desesperación de amplias franjas del pueblo.

Por eso ha sido totalmente equivocado definirlas como marchas o acciones de la MUD y de la “derecha”. La MUD tuvo que convocar presionada por su propia base. En Maracay, por ejemplo, un grupo de jóvenes participó con un cartel que decía “Ni MUD Ni PSUV, somos los de abajo que venimos por los de arriba”. En julio hubo dos paros cívicos de carácter nacional. Los militantes revolucionarios del PSL estuvieron participando de todo este proceso de rebelión popular, llevando sus propias consignas y volantes. La Policía Nacional Bolivariana (PNB) y la Guardia Nacional Bolivariana (GBN), junto a los “colectivos” paramilitares fueron los encargados de la represión. Con un saldo de más de 120 muertos, en su mayoría jóvenes, más de mil heridos y miles de detenidos.

Desde julio-agosto se produjo un cambio en la coyuntura, evidenciándose un reflujo de la rebelión popular. Ya que cesaron las movilizaciones y las protestas masivas. Esto le dio un relativo y circunstancial fortalecimiento al gobierno, que semanas antes estaba contra las cuerdas y había la expectativa de su eventual caída.

La política negociadora de la MUD ha sido uno de los factores centrales para que se pararan las movilizaciones. Ya que dejó de convocar con la instalación de la ANC. Esta política nefasta de la MUD se combina con cierto desgaste propio de una movilización prolongada y que no hubo forma de que la movilización se desbordara, que surgiera alguna dirección alternativa, ni se produjo de forma espontánea una especie de nuevo “Caracazo” generalizado, como en 1989.

La MUD y el imperialismo le dan aire a Maduro

La política de los dirigentes de la MUD contribuye a desmovilizar. En medio del avance totalitario de Maduro anunciaron que participarán en las elecciones regionales fraudulentas que incluso los proscribe a ellos en varios estados. Esto cayó como un balde de agua fría en importantes sectores de la base de la MUD.

Mientras el gobierno profundiza su sesgo totalitario apoyándose en la ANC, la MUD muestra una vez más su vocación de negociar con el gobierno, siguiendo los consejos del imperialismo (EE.UU. y la UE) y de El Vaticano. De esta forma le dan un respiro a Maduro, como ya pasó durante el 2016 cuando intervino el Papa Francisco llamando a desmovilizar “por la paz”.

Trump salió en agosto a anunciar que no descartaba un “opción militar”, que no pasó de una nueva bravuconada. Rápidamente miembros del gobierno yanqui lo relativizaron. Ejemplo de ello fueron las declaraciones del vicepresidente Pence. Gobernantes más conservadores y pro yanquis como Santos y Macron tomaron distancia del anuncio de Trump. Hasta los analistas más pro imperialistas criticaron a Trump por dar una “ayuda” política a Maduro para su discurso “antiimperialista”. El PSL repudia cualquier amenaza o injerencia económica, político o militar del imperialismo en Venezuela.

La realidad es que el imperialismo yanqui, europeo y El Vaticano buscan una salida negociada con Maduro en el poder. Un dato ilustra claramente que no hay a la vista una ruptura total entre ambos gobiernos: Estados Unidos es el primer destino de las exportaciones petroleras de Venezuela con 741.000 barriles al día de crudo, según el registro del Departamento de Energía estadounidense. Se calcula a un valor de unos 32 millones de dólares al día. Además PDVSA, tiene en EE.UU la empresa Citgo, que tiene 3 refinerías y cerca de 14 mil estaciones de servicio en la costa oeste. Si bien EE.UU. ha adoptado alguna sanción económica como restringir el acceso al crédito externo, se cuida, por ahora, de no afectar la cuestión del petróleo. Por ahora, Trump no amagó con dejar de importar petróleo. Ni el “antiimperialista” Maduro con dejar de enviar petróleo al “imperio” o expulsar a Chevron.

La MUD no tiene interés en incentivar la movilización popular. Pretende utilizarla para negociar en pos de un gobierno de “unidad nacional” con sectores descontentos del chavismo y de las fuerzas armadas, y seguir aplicando el paquete de ajuste que ya instrumenta Maduro. Por eso siempre hemos señalado que no podemos depositar confianza en los dirigentes de la MUD. Es necesario construir una herramienta política independiente del gobierno y de la MUD, basada en la unidad de sectores de la oposición de izquierda chavista y no chavista, de los luchadores independientes de la juventud y del pueblo trabajador. La salida de fondo pasa por sacar a Maduro y lograr un gobierno de los trabajadores.

Continuar la lucha contra el hambre, la represión y el fraude

Mientras tanto, el pueblo trabajador ve estupefacto como los precios de los productos de primera necesidad ascienden aceleradamente, al ritmo del dólar paralelo que se encuentra completamente desbocado. En agosto un dólar se cotizaba en el mercado negro en 17 mil bolívares. Un paquete de arroz estaba en 17 mil bolívares, la harina precocida de maíz, si se consigue, estaba en más de 10 mil bolívares, y un litro de aceite ya asciende a más de 30 mil. Con un miserable salario mínimo de 97 mil bolívares (unos 7 dólares) no se puede vivir.

Lo cierto es que la crisis económica y social que generó la rebelión popular se profundiza. La ANC no va a solucionar ninguno de los problemas que padece el pueblo trabajador. La inflación amenaza con convertirse en hiperinflación; la escasez continúa y miles de trabajadores han sido despedidos o se encuentran suspendidos en empresas públicas y privadas.

El pueblo sigue pagando los platos rotos de la crisis creada por los empresarios, las transnacionales y el gobierno. Las razones para protestar y profundizar la rebelión popular iniciada hace cuatro meses, siguen presentes y se agravan. La coyuntura de reflujo en la movilización que se abrió en julio-agosto puede cambiar más adelante. La gravedad de la crisis social puede provocar conflictos y protestas parciales por empresa, gremio o en las comunidades. Está abierto que puedan surgir reclamando por salario, comida o por la falta de medicamentos o servicios de luz y agua. Es necesario retomar la movilización popular contra esta situación. Ese será el camino para seguir la lucha para que se vaya Maduro y su gobierno cívico-militar.

Para el PSL la salida no pasa por elecciones fraudulentas ni negociaciones a espaldas del pueblo. Proponemos organizar la lucha contra el hambre y la represión, por un plan económico y social de emergencia que incluya comida y medicinas para todos sin restricciones ni chantajes, por salarios aumentados cada tres meses de acuerdo a la inflación, no más despidos y “suspensiones” en empresas públicas y privadas. Por un plan de emergencia basado en la suspensión inmediata de todo pago de la deuda externa y que el petróleo pase a ser 100% venezolano, estatal, sin empresas mixtas ni transnacionales, por una PDVSA dirigida y controlada por sus trabajadores y técnicos. En defensa de las libertades democráticas, libertad a los detenidos por protestar, no más tribunales militares y por la disolución de la GNB y la PNB.

Llamamos a seguir movilizados y organizados. En ese sentido consideramos importante seguir conformando los comités en las comunidades para continuar la lucha y convocar a un encuentro de organizaciones sindicales, juveniles y sociales opositoras a Maduro para discutir la preparación de un plan de movilización.

En la perspectiva de retomar la rebelión popular y lograr su continuidad hacia una salida política independiente del PSUV y la MUD, se hace imprescindible dar pasos para construir una nueva dirección política desde la izquierda. Hay que poner manos a la obra para superar esa ausencia de alternativa. Eso pasa por dar pasos en la conformación de un polo o una alternativa unitaria de la oposición de izquierda chavista y no chavista.

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